¿Qué es la condromalacia?
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Lunes, 30 de Mayo de 2011 13:54

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Una de las principales causas de dolor en las rodillas de mujeres jóvenes es la condromalacia (ó síndrome de hiperpresión rotuliana), sin embargo es un proceso también común en los pacientes de sexo masculino. El paciente generalmente relaciona el dolor con actividades como subir ó bajar escaleras, hincarse, permanecer sentado con las rodillas en flexión por periodos prolongados ó al realizar el movimiento para levantarse, así como posterior a la realización de actividades físicas. Estos síntomas van aumentando en intensidad y frecuencia con el paso del tiempo. El inicio de la sintomatología es de manera progresiva y sin antecedentes traumáticos recientes.

El dolor es producido por la fricción que se realiza entre el cartílago de la rotula (o patela) y el cartílago de los cóndilos  del fémur, lo cual produce una reacción inflamatoria y un “ablandamiento” en su consistencia.  Debido a que la causa de los síntomas es por el mecanismo de fricción y desgaste, la evolución es progresiva pudiendo causar lesiones serias en la articulación a un mediano ó largo plazo en caso de no ser tratadas las causas.
Aspecto de una rótula con el cartílago sano   Aspecto de una rótula en la cual el cartílago se ha desgastado, al grado de exponerse el hueso que se encuentra por debajo del mismo
En ocasiones el tratamiento se enfoca de manera errónea al utilizarse únicamente analgésicos con el fin de controlar el dolor, lo cual puede resultar efectivo, pero únicamente en el tiempo que dura la acción de los medicamentos, debido a que el mecanismo de lesión no se ha reparado.  Es por esto que el tratamiento se debe de enfocar a la protección del cartílago utilizando medicamentos y un programa de ejercicios específicos para procurar restablecer su consistencia.  Sin embargo, no siempre se obtienen resultados satisfactorios.  Esto dependerá de lo avanzado que se encuentre el proceso de desgaste en el cartílago.  En la actualidad el uso de suplementos para restituir la viscosidad del líquido que se encuentra dentro de la rodilla está en expansión, y en general tiene buenos resultados, dependiendo siempre del grado de avance de la lesión, sin embargo, el porcentaje de pacientes que requieren una reparación quirúrgica por medio de artroscopia es  considerable.
El objetivo del tratamiento quirúrgico es la remodelación del cartílago lesionado para mejorar su consistencia y resistencia  mediante el fortalecimiento del mismo, esto se logra con el uso de la radiofrecuencia. Es también necesario restituir la superficie del cartílago, “remodelándolo” hasta obtener una superficie lo más uniforma posible. El éxito de este tratamiento depende en gran medida, como ya se mencionó, de lo avanzado en el proceso de desgaste.
El cartílago que protege las articulaciones es el mismo a lo largo de nuestras vidas y no hay manera (hasta el día de hoy) de regenerarlo. Es por esto que es tan importante el cuidado del mismo y se recomienda la atención adecuada al inicio de los síntomas en este padecimiento, con el fin de prevenir de manera temprana el proceso de deterioro articular.

En general podemos hablar de tres grados reconocibles de lesión, en el primer grado las fibras que conforman al ligamento se encuentran distendidas e incluso puede haber ruptura en algunas de ellas, existe tumefacción moderada y puede o no existir un hematoma (moretón) en la articulación lesionada. En este grado de lesión, no se ve comprometida la estabilidad articular. En el segundo grado, la distensión es llevada un poco más allá de forma que existe ruptura en porciones importantes de los ligamentos involucrados, la tumefacción es notoria y muy dolorosa y generalmente encontramos hematomas importantes. La recuperación es prolongada y de no atenderse de forma adecuada, puede verse comprometida la estabilidad de la articulación a mediano plazo.

En los esguinces de tercer grado, existen rupturas completas de uno o varios ligamentos de la articulación, y con frecuencia se lesionan también vasos sanguíneos y nervios relacionados con la articulación, la incapacidad para el uso del segmento anatómico involucrado es evidente, la tumefacción es severa así como el dolor, y los hematomas siempre están presentes. Hay una franca inestabilidad de la articulación y en general requieren de reconstrucción quirúrgica para evitar inestabilidad crónica. En el diagnóstico se requiere de una exhaustiva revisión clínica por parte del médico, considerando desde el mecanismo de lesión, el aspecto y la estabilidad articular y la evaluación cuidadosa de estudios añadidos, como las radiografías con proyecciones especiales.

Prácticamente todos los deportes ponen a la articulación del tobillo en peligro, y aparentemente no hay deportista que durante un entrenamiento o una competición, no haya sufrido de un esguince. Representan alrededor del 20% de las consultas en la especialidad y cerca del 65% de todas las lesiones articulares traumáticas.

Son producidas por un movimiento de inversión del pie cuando éste se encuentra en equino (de puntas) con apoyo, e involucra una subluxación de la articulación propia del tobillo. Como se ha comentado siempre existe dolor, limitación en la función, tumefacción y hematoma en los maléolos (prominencias óseas a los lados de los tobillos), pero en general, no hay un paralelismo real entre la intensidad de los síntomas y la gravedad de la lesión.

El tratamiento inicial siempre debe incluir inmovilización y aplicación de hielo, lo cual puede hacerse en el sitio en donde ha ocurrido la lesión y en tanto se consulta con el especialista. En general el tratamiento para los esguinces de primer y segundo grados consta en control del dolor y la inflamación con analgésicos-antiinflamatorios, y una terapia física temprana (no inmovilizamos) que consistirá básicamente en control del dolor y cicatrización, recuperación del rango de movilidad completo, y por último, fortalecimiento para evitar recaídas. El paciente se puede estar reincorporando a su actividad deportiva entre 3 semanas y 3 meses dependiendo del grado y de las exigencias del deporte practicado.

En un esguince de tercer grado, al estar comprometida seriamente la estabilidad del tobillo, se hace necesario el tratamiento quirúrgico inmediato, con la finalidad de reconstruir anatómicamente la articulación y rehabilitar de forma temprana, pudiendo requerir hasta 4 ó 5 meses de recuperación total, aunque en general el promedio de retorno a la actividad deportiva está entre 10 y 12 semanas.

Es fundamental darle la importancia que requieren estas lesiones, ya que una inestabilidad crónica puede llevar a un pronto desgaste articular o a lesiones repetitivas y cada mez más severas.

 

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